sábado, 19 de agosto de 2017

HOMENAJE AL COMANDANTE ANDRESITO. Candelaria. Misiones.

Este mural lo realicé en la ciudad de Candelaria Provincia de Misiones en....................... en técnica de esgrafiado y rinde homenaje al celebre comandante Andrés Guacurari.
El boceto lo realicé para un muro que preparó el municipio especialmente para alojar mi mural. Las medidas son de 2 por 4 metros.
 Este es su plano de obra..





Como figura central del mural se halla representa a Andresito en plena lucha sosteniendo una lanza bandera con los colores de Misiones. Un jaguareté lo acompaña como símbolo de poderío autóctono y un tucán se lanza en vuelo como animal referente a una región. El resto es un paraje arbolado con soldados enemigos, uno caído herido por la lanza de Andresito y el otro en posición de disparo..

Un poco de Historia:

Andrés Guacurarí nació un 30 de noviembre de 1778 en la vecindad de Santo Tomé  y Sao Borja.








 Hijo de padres criados en las Misiones, vivió con su madre a partir de la invasión luso-brasileña de 1801. Alfabetizado por el sacerdote del pueblo bajo la religión católica, el líder indio manejaba con fluidez cuatro idiomas: castellano, portugués, guaraní y latín, y -como era común entonces- conocía de música y dominaba el arte y estrategia de la guerra.




José Artigas fue su padrino y quien lo adoptó desde muy pequeño. A partir de allí se lo conoce como Andrés Guacurarí y Artigas o Andresito. Su lucha se orientó hacia dos objetivos: la disputa contra las fuerzas portuguesas que invadieron el territorio misionero y la defensa de los principios federalistas sustentados por Artigas. Según documentación histórica, prefería la negociación antes que el fuego del enfrentamiento bélico, pues mediante exhortos intimaba al abandono de territorios usurpados, mucho antes de cruzarse con el enemigo hasta la muerte.
Olvidado intencionalmente por la mayor parte de la historiografía oficial porteña, corrió igual suerte que otros héroes de provincia: su historia fue excluida de la memoria colectiva. Si tan sólo se pensara en la época en la que el comandante de blandengues luchó, se tendría una mejor comprensión de su importancia. Desde 1810, formó parte de la Compañía de Naturales de Artillería de Santo Tomé, actuó en el sitio de Montevideo y desde 1815 fue designado por José Artigas como Comandante Militar de las Misiones. Desde 1819, cuando fue tomado prisionero por los portugueses, su paradero se convirtió en un misterio y una piedra en el zapato para los historiadores actuales. Se cree que fue llevado desnudo, descalzo y encadenado hasta la prisión de la Ilha das Cobras (Brasil), donde murió en una rencilla con marineros ingleses, según las últimas investigaciones. La figura de Andrés simboliza la reivindicación de un “espíritu nacional” resultado de la organización social que construyera el sistema jesuítico-guaraní, del que aún con la dispersión y destrucción de pueblos que sobrevino a la expulsión de la orden, conservó la religiosidad, la lengua y un sentido profundo de identidad como pueblo diferenciado por su historia y tradiciones.



El Comandante luchó durante los mismos años en los que nuestra patria hacía su revolución y conseguía su independencia. A él se le debe  que formen parte del territorio argentino y no brasileño o paraguayo las localidades ubicadas sobre la margen del río Paraná y del río Uruguay. 

Qué dicen nuestros autores





“Un 30 de noviembre de 1818, siendo Comandante General de Corrientes, el cabildo dio a conocer a la población, bando mediante, una invitación para que quien quisiera concurriera a la iglesia de la Virgen de la Merced a celebrar con una misa el día de su nacimiento. Este documento avala la fecha de su nacimiento”, explicó el escritor Daniel Larrea.




“Era Andresito un hijo vigoroso de nuestra tierra criolla. Fue como todos los grandes criollos, hijo histórico del descubrimiento. Andresito era tan o más criollo que San Martín, Artigas, Rosas o Felipe Varela. En él se sintetizaban y se entrecruzaban todas las luchas, nacionales y sociales, que formaban la Nación criolla latinoamericana que quería nacer de nuevo”, sostiene en su libro ‘Andresito Artigas en la emancipación americana’, el profesor e historiador Salvador Cabral Arrechea.



(José Artigas)


“Así como luchó por Misiones, también lo hizo por Corrientes. En defensa del federalismo de esa provincia, en 1818 repuso al destituido gobernador Juan Bautista Méndez”, relata Jorge Francisco Machón en uno de sus libros. Este historiador jardinense ha hallado la última carta escrita por Andrés al ministro español Conde de Casa Flores solicitándole ayuda, un 5 de mayo de 1821 en Río de Janeiro, donde ya llevaba varios meses de prisionero. 
Normalmente hay confusión en la pronunciación de la palabra Guacurarí y se la confunde con otros dialectos. Según el antropólogo Máximo Dacunda Díaz “La lengua guaraní no proviene ni depende de otras lenguas o idioma alguno, es una estructura originaria en el propio hábitat de la raza. 
Posee dos características estructurales especiales: es simbólica y aglutinante. Así el verdadero significado es ‘Gua’ del sustantivo hombre; ‘cu’ lengua y ‘rarí’ vivaz y ágil. Hombre persuasivo, haciendo referencia al don de la palabra”.
Por suerte, hoy en día varias instituciones públicas y privadas poseen bibliografía actualizada sobre el prócer a disposición de entidades o personas que deseen profundizar sobre su biografía.


El tekoá del prócer

Andresito fue el arquetipo de un modelo socio-político que, a pesar de haber sido derrotado en el campo de batalla, hizo eclosión en el contexto de la revolución americana. 
Él, como su gestor José Artigas propusieron una idea de Nación que superaba la de los hombres de Mayo, puramente intelectual y transplantada de Europa. 
Más allá de Buenos Aires se hallaban las provincias del Plata, con culturas decantadas en siglos de historia, como la provincia guaranítica de Misiones, regada con la cultura Jesuítica. Allí se modeló el federalismo artiguista, nutrido en procesos históricos, sociales y culturales propios. Una lengua ancestral, la conciencia de un espacio territorial propio, la autonomía de los pueblos fundada en la institución del cabildo, autoabastecimiento económico y fundamentalmente, la conciencia del tekoá, el modo de ser del guaraní, caracterizaban la región natal de Andresito. Región que  vivía un proceso de decadencia agravado por un fraccionamiento territorial que afectaba gravemente la unidad social. Las Misiones Orientales habían sido usurpadas por el principal enemigo de don José y don Andrés, Portugal, en audaz conquista en 1801. Los pueblos del departamento de Candelaria quedaron bajo dominio del Paraguay. Andresito entendió que la recuperación de la dignidad social del guaraní-misionero debía empezar por la recomposición territorial. Esa fue la razón de su largo lustro de luchas y penurias. Las ideas de libertad, justicia, autonomía que les inculcó Artigas a través de Andresito no sonaban extrañas a los oídos del pueblo guaraní. Ello explica el éxodo para escapar de los bandeirantes, la batalla de Mbororé, las luchas por la Colonia del Sacramento y la oposición al Tratado de Madrid.
Artigas necesitó sólo de un líder carismático como Andresito y un pueblo heroico como el guaraní para ponerlas en práctica y proyectarlas para siempre entre los habitantes del Litoral platino.


Andresito, Candelaria y el derecho de los hombres libres


Ni bien Andrés Guacurarí y Artigas asumió como comandante general de Misiones en 1815, se puso como objetivo prioritario la recuperación de los pueblos pertenecientes a los departamentos de Concepción y Candelaria, que habían sido ocupados por los paraguayos luego del acuerdo firmado por Manuel Belgrano en 1811. La vieja capital de la provincia, Candelaria, era el objetivo principal, para que vuelva a ser parte integrante de Misiones.

En mayo de 1815 el ejército misionero avanzó con rumbo al norte, luego de anunciar a las autoridades paraguayas de Concepción, que debían abandonar los pueblos. Uno a uno, las tropas guaraníes fueron recuperando los poblados del departamento.

En cada pueblo recuperado, se procedía a la instauración del Cabildo y la organización del gobierno local bajo el régimen autonómico propio de la soberanía de los pueblos libres.

Andresito debió esperar unos meses para emprender la campaña sobre la costa del Paraná. En agosto, las tropas misioneras se pusieron en marcha, mientras que los paraguayos concentraron sus fuerzas en Candelaria al mando del comandante José Isasi. En los primeros días de septiembre las tropas misioneras se reagruparon en San Carlos, en donde se sumaron otros líderes locales, como Manuel Miño, Ignacio Mbaibé y Manuel Cayré.

El día 11, y antes de emprender el ataque a Candelaria, Andresito le escribió una intimación a Isasi que se constituye en una certera muestra del ideario ideológico del federalismo guaraní/misionero. En aquella misiva Adresito expresaba que “El derecho es el ídolo y el objeto de los hombres libres por quien se ven empapados en su propia sangre, me ha obligado, solicitando ellos nuestra protección, a molestar a usted el que se venga a nosotros o deje ese departamento al goce de sus derechos (…) esto hago como verdadero americano y hermanos que somos”.
El comandante paraguayo rechazó la intimación y se alistó para el combate. El 12 de septiembre el ejército guaraní se lanzó sobre Candelaria. La batalla duró tres horas y sólo se resolvió cuando los paraguayos se quedaron sin municiones. Para la tarde de aquella jornada, la bandera tricolor de Misiones ya flameaba en la capital histórica de la provincia. Las tropas paraguayas repasaron el río y abandonaron todos los pueblos del departamento de Candelaria. En los días siguientes el ejército guaraní ocupó todos los pueblos de la margen izquierda del Paraná hasta la Tranquera de Loreto (actual Ituzaingó), que era considerado el límite con Corrientes.

De esta forma, en sólo unos meses como gobernador de Misiones, Andresito había logrado recuperar 12 de los pueblos que integraban la provincia guaranítico-jesuítica. Desde la óptica de los guaraníes, esto tiene que haber sido interpretado como un logro mayúsculo y habría servido para resaltar el prestigio de Andrés Guacurarí entre la población local.

El nuevo comandante había logrado lo impensado, que Candelaria regrese a manos misioneras.

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